El coste real del producto es mucho más que, simplemente, el precio final; para decidir cuál es la alternativa más barata hay que considerar todos los costes durante todo el ciclo de vida del producto: los costes de contratación, del uso, del mantenimiento y de la gestión de los residuos. Así, las ventajas económicas son claras cuando se toman en consideración los costes ocultos del ciclo de vida.