La preocupación por el medio ambiente y la concienciación de la escasez de recursos están cada vez más presentes en todos los ámbitos de nuestra vida. La jardinería no podía ser menos, por eso la racionalidad se está imponiendo como la máxima fundamental a la hora de planificar un terreno destinado a cultivos ornamentales. Bajo mantenimiento, especies autóctonas, xerojardinería, sostenibilidad... son conceptos que cada vez se escuchan más en los ámbitos de la jardinería y el paisajismo.
Crear pequeños ecosistemas compuestos de plantas totalmente ajenas al entorno en el que viven es una fórmula botánica en desuso. Para muchos, ya no tiene sentido llenar un parterre de flores exóticas o especies tropicales cuando nos encontramos en lugares donde las lluvias son limitadas. Sobre todo porque nos ocasionaría la necesidad de regar demasiado o tratar con productos químicos el suelo y así conseguir adaptar artificialmente las condiciones ambientales.
El uso de especies autóctonas puede ser la solución a este problema, racionalizando así la utilización de los recursos. Ahí es donde interviene la xerojardinería, un movimiento que surgió en Estados Unidos y que pretende armonizar el uso eficiente del agua con el valor ornamental de las plantas escogidas, entre otra serie de consejos relacionados con la ecología, la eficiencia y la sostenibilidad. Los climas con precipitaciones escasas son los más beneficiados por estas líneas de investigación, ya que no es obligatorio someterse al despilfarro de agua para conseguir bonitos y exuberantes jardines.
A la hora de configurar nuestro jardín, es importante tener en cuenta las necesidades hídricas de cada especie vegetal. Así separaremos por parterres las plantas que necesiten más agua de las que requieran menos cantidad. Por ejemplo, el césped y los macizos de flores irán juntos y ocuparán poco espacio al ser los que necesitan mayor irrigación. Las especies autóctonas, por su parte, serán las más numerosas, por ser las más austeras en gasto de agua.
Plantas adecuadas
Los ejemplares autóctonos, olvidados durante mucho tiempo por los jardineros, enriquecen la diversidad de especies disponibles en cada situación concreta. Para climas mediterráneos, semiáridos o con escasas precipitaciones, existen multitud de variedades que nos pueden ayudar a llenar nuestro jardín de luz y viveza. He aquí un pequeño índice que puede servir de referencia, pero hay muchísimas más:
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