En la actualidad nos enfrentamos a una fuente de residuos que está aumentando cada día. El ordenador se ha ganado a pulso su lugar como un electrodoméstico más del hogar y, sobre todo, de las empresas, donde su presencia es ya imprescindible. Pero al igual que ocurriera con frigoríficos, televisores o lavadoras, la vida útil de los primeros y segundos ordenadores ha finalizado, y sus dueños se enfrentan al problema de qué hacer con estos aparatos cuando desean desprenderse de ellos.
En cuanto a los móviles, En España hay unos 20 millones de teléfonos, y 3 millones de ellos se consideran ya obsoletos. La entidad Eurosource Europe estima que en la Unión Europea se reemplazan cada año cerca de 60 millones de terminales móviles a la vez que otros 85 millones no se usan y permanecen en manos de sus propietarios. Está claro que existe un importante potencial para el reciclado de teléfonos móviles aunque apenas llegan a un 5 % los terminales reciclados. Sin embargo, hay que remarcar que aproximadamente el 90 por ciento del total de las distintas fracciones que se obtienen de un terminal reciclado resultan valorizables y se pueden vender en el mercado.
Los metales son el núcleo principal de los residuos eléctricos y electrónicos, pero al menos su reciclaje es factible, ya que reutilizar metales permite ahorrar su extracción, una de las fases más agresivas con el medio ambiente dentro la producción de este material. Para recuperarlos se necesita menos energía y se generan menos desechos (potencialmente, un 98% menos) que para extraerlos de la naturaleza. Esto no significa que deba dejarse de lado la explotación de minerales vírgenes, sino que el reciclaje desempeña un papel esencial en el desarrollo sostenible, al producir metales comunes y preciosos. Además de su significativo valor monetario, los metales reciclados poseen un valor ambiental único: pueden durar para siempre, lo que los hace un recurso fundamental.