A principios del siglo XVIII, la Universidad de Valladolid pudo ver cumplida la aspiración de abrirse a la Plaza de Santa María, uno de los vacíos urbanos de mayor prestancia y de festivas connotaciones universitarias. En 1724, tras la recaudación de fondos extraordinarios y las obras de ampliación desarrolladas en las décadas anteriores, se completaba la superficie ocupada por un gran patio de planta rectangular, de ocho arcos por seis en cada lado, apoyados en pilares de fuste cajeado.
La gran aportación de esta ampliación fue la fachada principal, magnífica seña de identidad de la Universidad. En la composición del conjunto se fusionaron la tipología civil y la religiosa. La balconada corrida del piso superior proporcionó una tribuna privilegiada a los claustrales, quienes desde ella contemplaban las procesiones y los festejos celebrados en la plaza.
Los ejes centrales de la fachada, marcados por unas solemnes columnas pareadas, siguieron un esquema compositivo tripartito inspirado en los retablos religiosos. El lugar asignado en aquellos a los santos, era ahora ocupado por las alegorías de las disciplinas impartidas por la Universidad. El grupo escultórico de la Victoria de la Sabiduría sobre la Ignorancia compendia todo el sentido del despliegue iconográfico. Por debajo una cartelera contiene el lema de la Universidad: "Sapientia aedificavit sibi domum". Tal operación de prestigio se completa con la representación de los reyes más destacados en su protección a la Universidad: Alfonso VIII, Enrique III, Juan I y Felipe II.
Los saberes representados son (de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba): Retórica, Geometría, Derecho Canónico, Teología, Derecho Civil, Astronomía, Medicina, Filosofía e Historia. La autoría de las esculturas y los escudos de armas se debe a la familia de los Tomé.
Por delante de la fachada se despliega un atrio delimitado por pilares sobre los que pequeñas figuras de leones actúan como tenantes de escudos de armas con las de la Universidad y las reales. La presencia de los leones, asociados al poder real y a la vigilancia de lugares u objetos de valor, ha suscitado entre los estudiantes curiosas supersticiones relativas al éxito académico.
Las ventanas del piso inferior iluminaban dos aulas, una de las cuales se dedicó a Biblioteca cuando se recibieron los libros procedentes de los colegios de jesuitas al ser expulsados en 1767.
María José Redondo Cantera. Texto extractado de "El edificio histórico de la Universidad de Valladolid y sus transformaciones".